Entrevista a los educadores recién incorporados a la CiudadEscuela


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CRISTINA, Residencia 1

Empezar a trabajar en la CEMU fue un reto porque era algo nuevo para mí, me gusta formar parte de la rama educativa y contribuir poniendo mi granito de arena para que todo mejore. La verdad es muy gratificante tener la oportunidad de crecer tanto en el ámbito laboral como personal. Recibo mucho de los niños por ejemplo su cariño y también aprendo de ellos, es esencial tener empatía y no juzgar a nadie, todos tienen una historia.

Si pudiera elegir un poder sería que ningún niño lo pasara mal por culpa de su familia. Todos se merecen crecer en un entrono adecuado y ser tratados con buenas maneras.

Definiría a la CEMU con tres palabras: felicidad, vida y aprendizaje.

 

ALICIA, Residencias 3-4

Antes no había trabajado en otros centros exactamente aunque sí como educadora en el ámbito laboral con personas con diversidad funcional. Cuando llegué aquí sentí una mezcla de sensaciones,  tenía muchas ganas de vivir la experiencia porque siempre me han gustado los niños y adolescentes, y luego tuve la sensación de estar en un campamento permanente. Siempre he ido a campamentos y tengo tan grandes recuerdos, que al ver a los chicos y chicas conviviendo, siendo compañeros y haciendo actividades cotidianas como una familia me recordó lo feliz que fui en los campamentos.

Lo que más me gusta del trabajo es la confianza que se crea con los residentes. Lo más importante es que te guste lo que haces, que seas empático y sobre todo que sepas escuchar. Todos necesitamos a alguien que nos escuche y que nos comprenda.

Hay muchos súper poderes que me gustan como el de teletransportarme, invisibilidad, pero sin duda me quedaría con el poder de controlar el tiempo…creo que el tiempo es lo más valioso que tenemos y a veces lo malgastamos pensando que nos sobra.

La CEMU es:  justicia, hogar y amoristad.

 

KATIA, Residencia 1

Esta es mi primera experiencia como educadora y creo que no podría haber empezado en mejor sitio. Yo empecé en la CEMU porque hice aquí las prácticas de integración social, ya que, desde siempre me ha preocupado la desigualdad que hay en los colectivos más vulnerables. Cuando mi tutora me dijo que encajaría aquí, en un principio me asustaba porque aunque me gustan mucho los niños, no sabía si iba a tener suficiente paciencia. Mi primer día en la Residencia 1 fue una primera toma de contacto, conocí a todos los niños y recuerdo que salí encantada y con ganas de volver al día siguiente.

Lo que más me gusta es cuando se empieza a ver el progreso de los niños, cuando les conoces nada más llegar y cómo van evolucionando. Hay que ser paciente e intentar controlar la frustración que a veces sientes y obviamente tener empatía, saber ponerte en su lugar.  La felicidad se “pega” y aunque tú hayas tenido un mal día, ellos te contagian su alegría y te sientes orgulloso por ello.

La CEMU es: esperanza, hogar, alegría.

 

ÓSCAR, Fin de semana

Nunca había trabajado en residencias y compartir el día a día con los residentes ha sido nuevo para mí. Ha sido como tener por fin la oportunidad que siempre había estado esperando. Conocer y compartir la vida con los chicos deja una huella preciosa que no se olvida.

Siempre me ha interesado cómo solucionar los conflictos e intentar poner mi granito de arena para que haya un poco más de justicia.

Mi primer día fue genial, me encantó ir conociendo a los chicos de la residencia 4 y ellos me hicieron sentir que me aceptaban dentro de la familia CEMU.

Es importante la empatía para entender a cada uno con sus diferencias y saber comunicar con tranquilidad y eficacia, por eso intento rebajar la tensión y darles la posibilidad de hablarse con respeto y buscar entre todos una solución justa que, a ser posible, evite nuevos conflictos.

Si tuviera un súper poder sería hacer que las personas realmente pudieran escuchar y entender a los demás. Súper poder: anti-egocentrismo.

 

La CEMU es: belleza, cariño, esperanza.

 

 

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